RÉGIMEN ANTAGÓNICO Y COVID-19
Es doloroso observar el panorama
que vive el país los últimos 8 meses a causa de las conflictivas jugarretas de
los partidos políticos y, asimismo, desde marzo, con la crisis sanitaria del
Covid-19. La presidenta interina, Jeaninne Añez, no logra estabilizar por
ningún lado el país; diferentes motivos nos sobran para afirmar que «hace lo
que puede, pero no es suficiente». En estas circunstancias se determina que el
fracaso del actual Gobierno se concibe en el resentimiento político del
Movimiento Al Socialismo (MAS) posterior a los conflictos de noviembre del año pasado.
Se trata de la peor crisis histórica con personajes políticos poco efectivos.
En primera instancia, la
mandataria, en enero, decidió usar el 10% del Presupuesto General del Estado
(PGE) para el sector salud. La traba para efectivizar el uso de estos recursos
pasa por la poca voluntad en la aprobación de los proyectos de ley en la Asamblea
Legislativa Plurinacional (ALP) controlada por los 2/3 del MAS. Es necesario
aclarar que esta iniciativa pertenece al Padre Mateo hace cinco años atrás, y
que, después de ser ignorada, toma relevancia en esta gestión por su importancia
ante la pandemia del Covid-19 y el posible colapso en todos los hospitales a
nivel nacional. Añadamos, pues, que se tratan de 6 proyectos de ley. La
diputada Shirley Franco exhortó para su aceleración a Otila Choque del MAS, presidenta
de la comisión encargada, y esta respondió, en una oportunidad, que no se
realizó a causa de un feriado nacional. Reprochable actitud de la asambleísta.
Otro aspecto está en la administración de los SEDES (Servicio Departamental de Salud) de varios departamentos que lograron subirse al carro de la politiquería. Ahondemos un poco más en el tema de la administración del área de salud, debido a que los SEDES perdieron el horizonte, tanto en dependencia departamental como gubernamental. Ni el Gobierno central ni el departamental tienen la solución, pero ambos pelean por ir a la cabeza. Desde este ángulo analizamos que ambos entes solo perjudican el orden e imposibilitan las coordinaciones para poner manos a la acción. A causa de ello, Añez no muestra solides en el Ministerio de Salud, parece doblegada, por ejemplo, a caer a las rencillas que busca el Gobernador Patzi. Y en los temas municipales, el Ejecutivo pidió que ejecuten su presupuesto otorgado, pero muchos Municipios afirman que falta la liquidez financiera. Isabel Fernández, ex ministra de Comunicación, ahora viceministra del rubro, afirmó que dichos pedidos son incentivados por el MAS.
El segundo motivo del fracaso
del Gobierno de Añez radica en el calendario electoral y la legitimidad en las
atribuciones que su mandato asume. Por parte del MAS, las elecciones son la
prioridad para conformar un Gobierno legítimo, oposición a ello desde el Ejecutivo
se da preferencia en atender la crisis sanitaria. Resultado de esta disonancia política,
más que jurídica, están los intereses de los partidos del MAS y de JUNTOS. Al
primero, le urge regresar a las urnas, prueba de ello es que Eva Copa, presidenta
de la Cámara de Senadores, acelera y exige al Órgano Electoral Plurinacional (OEP)
dar condiciones para realizar las elecciones. Mientras que, para JUNTOS, es útil
permanecer en la presidencia, sirve de campaña electoral.
Diremos el otro motivo en
torno a la legitimidad de algunas acciones que asume la presidenta Jeaninne
Añez en tiempos del Covid-19, estas son las atribuciones en condición de su
interinato. La anulación de los ministerios de Cultura y Deporte para depender
de Ministerio de Salud y, asimismo, el de Comunicación al Ministerio de la
Presidencia son actos que no concuerdan con su interinato constitucional. El Tribunal
Constitucional extendió su mandato en sentido obligatorio de solo administrar y
ejecutar las elecciones. La presidenta comete errores en desestructurar al Poder
Ejecutivo en plena crisis. Son las elecciones democráticas el escenario que determinará el
futuro y administración de estas atribuciones para el próximo gobierno. Más aún con
la potencialidad cultural que tiene Bolivia.
Bien, pareciera por todo lo
anterior que Añez pierde fuerza como autoridad, pero no es tanto por imitar a
su predecesor. Mas no se trata sólo de una decisión solitaria, sino de las
divisiones políticas que enfrenta. Por un lado, existe la incertidumbre – casi
ilusoria – de que se dé la buena voluntad de los 2/3 de la bancada del MAS en
el tema económico y se sume a colaborar con la crisis y aprueben lo necesario. A
esto se suma las esperanzas de dejar la soberbia en varias autoridades departamentales
que no cooperan en el tema de salud. Y, por último, en que Añez separe su buena
voluntad con su mala asesoría en lo que se refiere al Órgano Ejecutivo, asesoría
que más parece campaña eleccionaria.




Rodrigo, bien
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