SUFRIR ES PARTE DE LA POLÍTICA

Imagen: Abecor

Probablemente hace un año, Jeaninne Añez no imaginaba ser presidente o candidata o mucho menos tener que pelear con un virus mundial. Así, pues, y con la misma suerte que tuvo Rodríguez Veltzé el 2005, la ex senadora pudo colocar su nombre a la lista honorifica de presidentes de Bolivia. Cabe pensar, sin embargo, que su Gobierno transitorio tuvo que enfrentar dificultades desde su posesión: desde su legitimidad, pasando por reinstalar un gabinete presidencial hasta pelear con los 2/3 del MAS en el Legislativo. A esto se añade el terremoto político que produjo su candidatura, que más parece una presión política de los Demócratas – que también tuvieron suerte para llegar a ser oficialismo –. Pero, tras los hechos de los últimos meses, la mandataria sufre mucho.


Es incomprensible el masoquismo político que disfrutan los que se suben a la silla presidencial. Añez era una senadora desconocida hasta antes de asumir la presidencia, vivía en paz. Su nombre tomó eco cuando todos se preguntaban quién asumiría el cargo tras la renuncia de Evo Morales, García Linera, Salvatierra y Borda, todos ellos del MAS. La oportunidad brilló en los ojos de los Demócratas. Seguía la línea sucesoria la beniana Jeaninne Añez, que no tuvo más opción que agarrar la papa caliente. Como consecuencia, la mujer sujetó el poder firmemente. Todo parecía marchar bien, hasta que tomó la mala decisión de ser candidata. Y su declive cogió forma cuando se la empezó a comparar con el ex presidente Morales.


Añez tal vez tiene el gobierno transitorio más largo. Pero su vida política cambió desde la llegada del Covid-19. Se fue Evo Morales llego otro virus. ¡Qué dolor de cabeza! No hubo más remedio que suspender las elecciones. Hasta ese momento la mujer seguía firme, pues el respaldo de la gente todavía se mantenía alto. Pero su pronta caída vino con el filo de una navaja, si, y donde más duele – en el sector salud –. Ni 170 respiradores le dieron el oxigeno para salvar su imagen, ni de presidenta, ni de candidata. Pero la situación empeoró antes, por el caso del taxista aéreo Núñez y, después, por sus propios hijos, que al mejor estilo de Evaliz, disfrutaron del beneficio del poder. Añez ya sufría más de lo imaginado.


A pesar de todo, Añez todavía opta por ir a ganar las elecciones: actitud tiene de sobra. Hasta el día de las elecciones, la presidenta todavía tiene mucho más para sufrir, al menos eso se ve cuando uno observa su entorno. Presionada por los conflictos políticos de octubre, organizar unas elecciones, la pandemia, la caída de los precios del petróleo, los casos de corrupción y soportar al sector industrial de Santa Cruz, es claro que la presidenta necesita unas buenas vacaciones después de las elecciones. Sus ideas políticas sociales se puede trabajar desde otro sector, la lucha contra la violencia a la mujer, por ejemplo. Entró con honores por la ventana y sería razonable que salga por la puerta grande.


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