EL ESCENARIO DE GUERRA PROPUESTO POR EL MAS Y LA COB
Despojar del poder a un dictador no es tarea fácil. El
proceso para recuperar la soberanía democráticaa, detentado en manos del líder
autoritario, supone, en muchos casos, enfrentamientos entre compatriotas.
Algunos a favor y otros en contra. Obviamente, el dictador usa el poder obtenido
como arma para favorecer a sus fieles seguidores y derribar a sus opositores. Pero
este hecho social es acontecido por la disconformidad de una porción de la
población que se ve afectada en sus derechos, y como respuesta – parecido
sacado de algún manual para el dictador perfecto – el tirano conmina a sus
fieles seguidores a solucionar la preservación de su dominio mediante la
violencia.
Oculto en un tubo de la ciudad de Sirte, tras
violentos enfrentamientos entre sus conciudadanos, Muamar Gadafi, el dictador
libio, tenía las fuerzas suficientes para convocar a sus seguidores a un último
enfrentamiento con los denominados “Rebeldes” que buscaban acabar con su
régimen. El grupo de rebeldes al descubrirlo en su refugio decidieron torturar al tirano
para finalmente acabar con su vida de un disparo de pistola en la cabeza. Si
bien Libia tenía problemas antes de que el genocida tomara el poder en 1969, las
complicaciones y la división social se agudizaron en el país del norte de
África a causa de la discordia sembrada en las cuatro décadas de su gobierno.
Semejante es la realidad social que se vive en Bolivia
en tiempos de Evo Morales. Oculto en su mansión en Argentina, alienta a sus “fieles
seguidores” – algunos retribuidos por algún incentivo económico –, denominados
“autoconvocados”, para protagonizar el cerco prometido en octubre del año
pasado. Pero, sin duda, este cerco fue a
la salud y por ende a la vida. 40 víctimas indefensas fueron asesinadas en las habitaciones
de los hospitales esperando tanques de oxígeno que fueron obstaculizados en los
puntos de bloqueo. Bajo la petición de elecciones, los seguidores del MAS
destinaron a la muerte a decenas de inocentes. Su derecho a la protesta no va por
encima del derecho a la vida.
Pero el responsable material de este hecho radica en
la convocatoria a bloqueo de caminos que organizó el confeso masista Juan Carlos
Huarachi, ejecutivo de la COB. El dirigente sindical, oculto durante las
manifestaciones, es un manifiesto ignorante (que ignora o desconoce algo: según
la RAE) del significado de humanidad (sensibilidad, compasión de las desgracias
de otras personas: según la RAE) hacia los enfermos en los hospitales.
Obviamente, la reacción no se dejó esperar por la población que se va agotando y
salen a enfrentar a los bloqueadores, como es el caso del grupo de Resistencia
Juvenil Cochala. Ambas partes dejaron atrás al mortal virus, para dar vida al
escenario bélico propuesto por el discurso del MAS.
El enfrentamiento entre bolivianos cada vez se torna a
niveles que limitan a un paso de la guerra civil, nada diferente en comparación
del modus operandi de Gadafi en Libia, pero esta vez replicado al estilo de
Morales. Sin duda se necesita acciones que promuevan el dialogo para la armonía
y una justicia eficiente para la identificación de los responsables en promover
la violencia. La protesta no es un concepto que justifique el atentado a la
vida de las personas. Son 40 víctimas mortales que antes de ser asesinados suplicaron
en los hospitales la pacificación del país con el fin de salvar sus vidas. Sus voces
fueron ignoradas por manifestantes que no tuvieron compasión y asesinaron a
nombre de Huarachi. La COB junto al discurso del MAS contribuyeron al virus para
matar a los hermanos bolivianos.



Muy bien, Rodrigo.
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