EL ESCENARIO DE GUERRA PROPUESTO POR EL MAS Y LA COB

Caricatura: Al- Azar/ La Razón 2018

Despojar del poder a un dictador no es tarea fácil. El proceso para recuperar la soberanía democráticaa, detentado en manos del líder autoritario, supone, en muchos casos, enfrentamientos entre compatriotas. Algunos a favor y otros en contra. Obviamente, el dictador usa el poder obtenido como arma para favorecer a sus fieles seguidores y derribar a sus opositores. Pero este hecho social es acontecido por la disconformidad de una porción de la población que se ve afectada en sus derechos, y como respuesta – parecido sacado de algún manual para el dictador perfecto – el tirano conmina a sus fieles seguidores a solucionar la preservación de su dominio mediante la violencia.

Oculto en un tubo de la ciudad de Sirte, tras violentos enfrentamientos entre sus conciudadanos, Muamar Gadafi, el dictador libio, tenía las fuerzas suficientes para convocar a sus seguidores a un último enfrentamiento con los denominados “Rebeldes” que buscaban acabar con su régimen. El grupo de rebeldes al descubrirlo en su refugio decidieron torturar al tirano para finalmente acabar con su vida de un disparo de pistola en la cabeza. Si bien Libia tenía problemas antes de que el genocida tomara el poder en 1969, las complicaciones y la división social se agudizaron en el país del norte de África a causa de la discordia sembrada en las cuatro décadas de su gobierno.

Semejante es la realidad social que se vive en Bolivia en tiempos de Evo Morales. Oculto en su mansión en Argentina, alienta a sus “fieles seguidores” – algunos retribuidos por algún incentivo económico –, denominados “autoconvocados”, para protagonizar el cerco prometido en octubre del año pasado.  Pero, sin duda, este cerco fue a la salud y por ende a la vida. 40 víctimas indefensas fueron asesinadas en las habitaciones de los hospitales esperando tanques de oxígeno que fueron obstaculizados en los puntos de bloqueo. Bajo la petición de elecciones, los seguidores del MAS destinaron a la muerte a decenas de inocentes. Su derecho a la protesta no va por encima del derecho a la vida.

Pero el responsable material de este hecho radica en la convocatoria a bloqueo de caminos que organizó el confeso masista Juan Carlos Huarachi, ejecutivo de la COB. El dirigente sindical, oculto durante las manifestaciones, es un manifiesto ignorante (que ignora o desconoce algo: según la RAE) del significado de humanidad (sensibilidad, compasión de las desgracias de otras personas: según la RAE) hacia los enfermos en los hospitales. Obviamente, la reacción no se dejó esperar por la población que se va agotando y salen a enfrentar a los bloqueadores, como es el caso del grupo de Resistencia Juvenil Cochala. Ambas partes dejaron atrás al mortal virus, para dar vida al escenario bélico propuesto por el discurso del MAS.

El enfrentamiento entre bolivianos cada vez se torna a niveles que limitan a un paso de la guerra civil, nada diferente en comparación del modus operandi de Gadafi en Libia, pero esta vez replicado al estilo de Morales. Sin duda se necesita acciones que promuevan el dialogo para la armonía y una justicia eficiente para la identificación de los responsables en promover la violencia. La protesta no es un concepto que justifique el atentado a la vida de las personas. Son 40 víctimas mortales que antes de ser asesinados suplicaron en los hospitales la pacificación del país con el fin de salvar sus vidas. Sus voces fueron ignoradas por manifestantes que no tuvieron compasión y asesinaron a nombre de Huarachi. La COB junto al discurso del MAS contribuyeron al virus para matar a los hermanos bolivianos.

 

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